A ler

Ayer, 6 de junio de 2012, mientras los banqueros y los especuladores de España y Europa se frotaban las manos ante el anuncio de mayores recortes sociales y laborales, la policía cargó contra los mineros asturianos, y una vez más el escritor se quedó fuera de mi cuerpo, como una piel molesta en la que el teclado o la simbólica pluma sobra, está de más, no sirve, no la quiero. Las manos se van solas hacia la recia piedra, y sirven para levantar la barricada cuya fortaleza es la mejor de las novelas, el más sentido poema que se pueda escribir.

Aqui, de Luis Sepùlveda

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